Hay una pregunta que puede incomodar incluso al CEO más experimentado.
En una sesión reciente de coaching ejecutivo, un CEO me dijo algo que me hizo detenerme:
—Mi equipo espera que yo tenga la respuesta.
Le pregunté:
—¿Y tú qué esperas de ti?
Se quedó pensando unos segundos.
—Que la tenga.
Ahí estaba la conversación.
No estábamos hablando de estrategia.
Ni de resultados.
Ni de inteligencia artificial.
Estábamos hablando de algo mucho más difícil.
La necesidad de tener siempre la respuesta correcta
Para un CEO, la necesidad de tener siempre la respuesta correcta puede convertirse en una trampa.
Cuanto más arriba llegas, más personas esperan que sepas.
El equipo mira hacia ti.
El consejo espera claridad.
Los accionistas esperan decisiones.
Y, con el tiempo, puedes empezar a confundir liderazgo con certeza.
Pero hay un problema.
Nadie tiene todas las respuestas.
Y mucho menos en un momento en el que la tecnología, los mercados y las organizaciones están cambiando a una velocidad que hace imposible saberlo todo.
Las preguntas incómodas que todo CEO debe hacer
Por eso, una parte importante del coaching ejecutivo que hago no consiste en ayudar a un líder a encontrar más respuestas.
Consiste en ayudarlo a hacerse mejores preguntas.
¿Qué estoy dejando de escuchar?
¿Qué conversación estoy evitando?
¿Dónde estoy tomando una decisión por convicción y dónde por ego?
¿Qué opinión de mi equipo necesito escuchar, aunque contradiga la mía?
¿Estoy desarrollando personas capaces de desafiarme o personas que aprendieron a complacerme?
Y ¿qué parte de mi forma de liderar funcionó para llevarme hasta aquí, pero puede estar limitando lo que necesito hacer ahora?
Esa última pregunta suele abrir conversaciones interesantes.
Porque llegar a la cima de una organización requiere unas capacidades.
Pero permanecer allí y llevar a la organización al siguiente nivel puede requerir otras.
El cambio clave
A veces, crecer como CEO no significa aprender a hacer más.
Significa aprender a soltar algo.
Una necesidad de control.
La necesidad de tener la última palabra.
La necesidad de demostrar que sabes.
O incluso la necesidad de ser indispensable.
quizá una de las preguntas más difíciles:
La verdadera madurez ejecutiva aparece cuando un líder puede decir:
“No tengo la respuesta todavía. Pero sé cómo encontrarla y sé a quién necesito escuchar.”
Eso no debilita su autoridad.
La hace más sostenible.
Porque un CEO no debería construir una organización que dependa de su inteligencia individual.
Debería construir una organización que sea capaz de pensar, decidir y crecer incluso cuando él no está en la sala.
Y para mí, ahí comienza una de las conversaciones más importantes del coaching ejecutivo:
¿Quién necesitas convertirte para liderar la empresa que quieres construir?
No es una pregunta sobre el cargo.
Es una pregunta sobre la persona detrás del cargo.




